Carta de Williams John Thoms a la Revista Athenaeum

William John Thoms (1803 – 1885), como todos “saben”, se hizo conocido por acuñar el término “folklore”. Era un anticuario, también fue vendedor en el Hospital de Chelsea, posteriormente fue diputado en la Cámara de los Lores.

Con su palabra “folklore”, conjunción de “folk” y de “lore”, quería significar el estudio de costumbres y hechos de los pueblos que pertenecían a su ambiente Folk. Era una forma de unificarlos.

Una vez que lo logra, escribe una carta, bajo el seudónimo de Ambrose Merton el 22 de agosto de 1846 a la revista científica Athenaeum, haciendo ver las inquietudes que lo habían incentivado, y le presenta sus conclusiones, que aquí transcribimos:

Señores:

Sus páginas me han dado tantas muestras del interés que usted tiene hacia lo que en Inglaterra llamamos “antigüedades populares” 0 “Literatura Popular” (aunque de paso diremos que es más “lore” que literatura, y podría llamarse más correctamente mediante el compuesto sajón “folk-lore: the lore of the people”), que guardo la esperanza de reclutar su ayuda para recoger las pocas espigas que quedan esparcidas sobre el campo en que nuestros predecesores alzaron buena cosecha. Todos cuanto han hecho de los usos, costumbres, prácticas, supersticiones, coplas y proverbios antiguos el objeto de sus estudios, tienen que llegar a dos conclusiones: la primera es de asombro ante todo lo curioso 0 interesante de esta materia que se ha perdido por completo; la segunda es que mucho de ello puede salvarse aún, mediante dedicación oportuna. Lo que Hume trató de hacer en su “Every-Day Book”, el periódico “Athenaeum”, por su mayor circulación, puede llevarlo a cabo diez veces más efectivamente, reuniendo el inmenso número de hechos pequeños, referentes al tema que he mencionado, que están diseminados en la memoria de millones de lectores, y conservándolas en sus páginas hasta que aparezca otro James Grimm que preste a la mitología de las Islas Británicas los buenos servicios que este profundo filólogo y estudioso de la antigüedad ha llevado a cabo para la mitología de Alemania. El presente siglo no ha producido quizás un libro más notable, aunque algo imperfecto como su propio autor confiesa, que la segunda edición de la Deutsche Mithologie; pero ¿qué es esta última? Un conjunto de hechos pequeños, mucho de los cuales, cuando se los considera separadamente -aunque insignificantes con respecto al sistema en que le pensamiento del autor los ha conectado-, adquieren un valor que quien los registró por primera vez jamás soñó poder atribuirles. ¡Cuántos de estos hechos evocan su palabra, tanto en el norte como en el sur, de “John0’Groat’s” a “Land’s End”! ¡Y cuantos lectores desearían demostrar su gratitud por las novelas que  usted les comunica semanalmente proporcionando datos antiguos, recopilaciones de costumbres fuera de uso, de leyendas que mueren, de tradiciones locales o de coplas fragmentarias! Todas estas informaciones no han de ser útiles exclusivamente al anticuario inglés. La relación entre el folklore de Inglaterra (no olvide que yo reclamo haber introducido el término “folk-lore”, como yo Disraeli ha creado el de “Father-Land” para la literatura de su país) y el de Alemania que es tan íntima, que dichas informaciones servirán probablemente para enriquecer futuras ediciones de la “Mithologie” de Grimm. Permítame mencionarle un ejemplo a este respecto. En uno de los capítulos de su libro, Grimm trata extensamente del papel que el “cuco” desempeña en la mitología popular y del carácter de profético que la voz del pueblo le ha atribuido; y al mismo tiempo proporciona ejemplos de la costumbre de ver predicciones el número de veces que su canto se escucha. Allí también se registra una idea corriente: “que el cuco nunca canta hasta que ha comido tres veces su acopio de cerezas”. Ahora bien, últimamente me he informado de una costumbre observada entre los niños de Yorkshire, la que explica el hecho de una relación entre el cuco y la cereza, incluso en sus atributos proféticos. Un amigo me ha informado que los niños de Yorkshire antiguamente (y quizás todavía hoy) acostumbraban a cantar alrededor de un cerezo mediante la siguiente invocación: “cuco, cerezo, baja y dime, cuántos años he de vivir…” Entonces cada niño sacudía el árbol y el número de cerezas caídas significaba los años de la vida futura. El cuento que acabo de citar confieso que es muy conocido. Pero esta manera de utilizarlo no ha sido registrada por Hume, Brande 0 Ellis, y constituye uno de esos hechos insignificantes en sí mismos, que llegan a ser de importancia cuando se convierten en eslabones de una gran cadena: hechos que una simple palabra publicada en el Athenaeum recogerá con abundancia para el uso de los futuros investigadores de esta rama interesante de las antigüedades literarias, nuestro “folklore”.

Ambrose Merton

P.D. Es justo que le exprese que he meditado cuidadosamente una obra acerca de nuestro “folk-lore ” (bajo ese título, advierta a los señores A, B y C, de modo que no traten de anticipárseme);estoy interesado personalmente en el éxito del experimento que en esta carta, aunque imperfectamente, le encarezco llevar a cabo. Nota: Investigado en: Real Estate Cultural Centre Barbican London – 1976

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